La buena educación
Tras ganar el Premio Nobel de Literatura en 1957, Albert Camus escribió una carta a su maestro de primaria para agradecerle sus enseñanzas:
He
esperado a que se apagase un poco el ruido que me ha rodeado todos
estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor
demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la
noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, la
mano afectuosa que tendió al pobre niñito que era yo, sin su enseñanza y
ejemplo, no hubiese sucedido nada de esto. No es que dé demasiada
importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la
oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y le
puedo asegurar que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que
usted puso continúan siempre vivos en uno de sus pequeños discípulos,
que, a pesar de los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido.
Querido señor Germain:
He
esperado a que se apagase un poco el ruido que me ha rodeado todos
estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor
demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la
noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, la
mano afectuosa que tendió al pobre niñito que era yo, sin su enseñanza y
ejemplo, no hubiese sucedido nada de esto. No es que dé demasiada
importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la
oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y le
puedo asegurar que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que
usted puso continúan siempre vivos en uno de sus pequeños discípulos,
que, a pesar de los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido.
Le mando un abrazo de todo corazón.
Albert Camus
¿Cuál es nuestra visión de la educación?
Creemos firmemente que la profesión docente debe contribuir al desarrollo de la humanidad y propiciar con ello la evolución social Entendemos que esta misión engloba la transmisión de conocimiento y transformar el conocimiento en capacidades, así como producir comportamientos cívicos para crear sociedades más justas e igualitarias. No obstante, mientras la transmisión de conocimiento se centra en el rol del docente como portador de tal conocimiento, la transformación del mismo en capacidades se centra en la actitud activa del alumnado, por lo que el docente se convierte no sólo en portador de conocimiento, sino el facilitador de procesos y estrategias de aprendizaje. El fin último de estos conocimientos, capacidades y comportamientos es la contribución a la sociedad (de ahí que la educación sea a la vez un derecho y un deber); por consiguiente, la misión de la profesión docente no puede ser otra que contribuir, propiciar y facilitar el desarrollo humano.
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