Lectura 1 del Caso 2. "La disrupción y la gestión del aula"

Extracto de la lectura de Torrego y Fernández (2006) titulado “La disrupción y la gestión del aula” (páginas 4 a 7)


Es indudable que el liderazgo en el aula ha de tenerlo el profesor. Éste marca el ritmo, los contenidos, organiza el espacio y el tiempo y supervisa el buen funcionamiento de la actividad. No obstante, cada profesor es único y por lo tanto hay diferentes formas de aproximarse al aula y a las materias. A pesar de ello, las diferentes investigaciones apuntan a ciertos rasgos en la forma de actuar debido a las materias que se imparten y a las propuestas metodológicas que se lleven a cabo. No existe un estilo docente que sea necesariamente mejor que otro, si bien existen estilos de comunicación y de interacción que tienen consecuencias diferenciadas y que es importante conocer.

Hay profesores que no manifiestan grandes dificultades al impartir clase, y otros que, por el contrario de forma repetida y a veces constante, se enfrentan a conflictos y episodios de falta de disciplina por parte de los alumnos. También ocurre que ciertos alumnos se comportan de forma inadecuada con ciertos profesores o en ciertas clases y no tanto en otras. En definitiva, hay actitudes, comportamientos y destrezas de los profesores que actúan de elemento disuasorio ante la disrupción, o por el contrario pueden favorecer la actitud hostil e indisciplinada de cierto alumnado. Dicho de otro modo, existen factores relacionados con las relaciones interpersonales que se crean en el aula, que están directamente relacionadas no sólo con la personalidad y forma de abordar la marcha de la clase de un profesor, sino también con su estilo personal de control y manejo del aula, su estilo docente y las interacciones que se produzcan en los procesos de aula. Destacan en este sentido los estudios realizados sobre los estilos de interacción de los profesores (Brekelman, Levy y Rodríguez,1993), en los que han intentado analizar los comportamientos docentes clasificándolos sobre dos parámetros: la proximidad entre profesor y alumno, que se basa en el grado de cooperación y relación interpersonal que se establece con los alumnos, y la gestión de la influencia al enseñar, que refleja quién y cómo controla la comunicación en el aula.

Estos diferentes estilos docentes tienen repercusiones en el aprendizaje del alumnado y están directamente vinculados con los estilos personales de afrontar la interacción del aula. Si bien es casi imposible que se dé un profesor que únicamente ponga en práctica solo uno de estos estilos, a menudo tenderá hacia uno de ellos incluso si tiene clases o momentos en los que actúe desde otro modelo diferente al habitual.

Los estudiantes entendían en estos estudios que sus mejores profesores eran unos líderes fuertes, amigables, comprensivos y menos inseguros e insatisfechos, utilizando los partes mucho menos que otros. Usualmente les dejaban más responsabilidad y libertad. Por el contrario, a los peores profesores se les percibía como menos cooperativos y se situaban en posiciones de oposición u oponente. En general, los alumnos responden mejor a comportamientos amigables y comprensivos que a conductas estrictas de liderazgo. La cualidad que más valoraban en un profesor era el nivel de proximidad y no tanto el de dominio. Sin embargo, los profesores son percibidos por los alumnos como dominantes y cooperadores a la vez, por lo que el buen profesor se basa en una mezcla de cooperador con dominio. Por el contrario, los peores profesores son aquellos que se engloban dentro de las categorías, represivo, inseguro-tolerante y agresivo-inseguro: el primero, por ser tremendamente estricto y duro, y los dos últimos, que a menudo se asociaban a profesores noveles, debido a la dificultad de aprender en una clase donde predomina el desorden.

Para seguir analizando los comportamientos docentes más eficaces para la gestión del aula, nos servimos de las aportaciones de De Vicente (2006), obtenidas a partir de una consulta realizada a sus alumnos. Aquí reconocemos un conjunto de recursos en la interacción que los alumnos aprecian especialmente en el profesorado, que son:
  • que el profesor sea auténtico, es decir, que exprese con sinceridad y eficacia lo que siente;
  • que el ambiente socioemocional del aula sea positivo de tal modo que cada alumno entienda que tiene un lugar adecuado y propio en el seno del grupo clase que le permita obtener éxito en la tarea que se propone;
  • la reciprocidad, es decir que, aceptando los roles diferenciales entre profesor y alumno, las relaciones humanas en el aula estén basadas en la multidireccionalidad, la horizontalidad y simetría entre el profesorado y el alumnado;
  • contar con recursos para manejar las situaciones conflictivas tratando de no sobre dimensionarlas;
  • que las expectativas sean positivas respecto a los alumnos y sus posibilidades de progreso;
  • que sea persuasivo en el sentido de transmitir una visión apasionada sobre aquello que se enseña;
  • favorecer la participación del alumnado en el aprendizaje, ya que en la medida que el alumno está informado o pueda influir sobre el programa docente, se establecerá un mayor nivel de vinculación del mismo con la tarea escolar.
En consecuencia, entendemos que, si bien existe una responsabilidad por parte del alumno disruptivo en el cambio de actitud y de comportamiento dentro y fuera del aula, también es conveniente comprender que el profesor es importante y su papel en la gestión de los conflictos que se derivan de esa situación tensa y desajustada es esencial para su consecución, favorable o no. El profesor cuenta con un gran poder para establecer los límites y las pautas de conducta y trabajo en el seno del aula. Este poder se dirige a promover un buen clima social cuando la actuación consiste en el modelado positivo de la comunicación y el uso de la autoridad legítima.

El profesor experimentado maneja y despliega un conjunto de trucos, estrategias, procesos, actividades, etc., las cuales ha interiorizado y aplica según el contexto, el tipo de alumnado y la propuesta curricular. Este conocimiento es tanto parte de la experiencia profesional como de sus destrezas personales, si bien siempre hay cabida para aprender nuevos recursos que amplíen el repertorio de los docentes.

Conductas del profesorado que pueden favorecer la disrupción:
  • No llegar a tiempo.
  • Salir antes.
  • Falta de respeto al alumnado.
  • No llevar la clase preparada.
  • No propiciar la participación.
  • Magnificar los fracasos del alumnado.
  • Invisibilidad del éxito.
  • Atención selectiva.
  • Hablar por el móvil.
  • Expulsar de clase.
  • No escuchar.
  • No ser objetivo al resolver conflictos.
  • No pedir nunca disculpas.
  • No llamar a los chicos por su nombre.
  • Tener al alumnado en la misma disposición toda la clase.
Conductas del profesorado que pueden atenuar la disrupción:
  • Hace buen uso del elogio / Favorece la acogida y valora al alumnado:
    • Ser sencillo y directo (dicho con voz natural, sin efusiones ni aspavientos).
    • Manifestarse con un estilo directo y declarativo (eso está muy bien, nunca había pensado en eso).
    • Especificar lo conseguido, reconocer el esfuerzo, atención o perseverancia notable.
    • Ser variado.
    • Estar respaldado por la adecuada comunicación no verbal.
    • Evitar enunciados ambiguos (hoy has estado realmente bien).
    • Expresarse, por regla general, en privado.
  • Construcción adecuada de reglas de convivencia:
    • La regla debe de ser necesaria.
    • La regla debe de ser razonable.
    • La regla debe ser sencilla y clara.
    • Siempre que se pueda debe expresarse en forma positiva.
    • La regla debe de ser adecuada a los niveles de desarrollo cognitivo y social de los alumnos.

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